La física vitalista de los estoicos III

 3. El vitalismo estoico.

3.a. Los elementos pasivos y el esperma.

En esta sección espero dar una imagen de lo que es el vitalismo estoico, mostrando algunas peculiaridades en su concepción de la vida y la physis, sobre todo a lo relativo a los elementos pasivos y al esperma (3.a.); para terminar con su teoría de la mezcla (3.b.), desarrollada principalmente por Crisipo (el que literalmente se murió de risa), para entender mejor en qué consiste el continuismo fundamental de toda la física estoica.

Como sabemos, según los estoicos la tierra es el último elemento en generarse. Incluso, si seguimos la secuencia en la producción del universo, la tierra parece un residuo en la actividad del fuego, pues su ciclo productivo (el del fuego) parece cerrarse con el agua (el fuego eterno condensado por el aire forma el agua que alimenta al fuego creciente), y si se produce la tierra es por un exceso en la actividad del aire, que ejerce presión y cohesión más allá de la vida, produciendo la profundidad de los Hades. En este sentido, contradiciendo a Plutarco, la tierra es más propiamente el opuesto del fuego, su signo parece más cercano al de la muerte. Es el elemento pesado por excelencia, lo que lo distingue de los elementos activos[1]; aunque esto no nos tiene que llevar a pensar que su actividad es el de pesar, sino el dejarse arrastrar más fuertemente por la presión que el aire le ejerce hacia el centro del universo. Teniendo esto último en cuenta, y considerando que, mientras la del aire es una fuerza centrípeta, y dijimos que la del fuego es una fuerza centrífuga, podemos inferir entonces que en el centro de la tierra (donde se encuentra el Hades, el infierno griego) es donde encontraremos la menor proporción de fuego y el máximo de tierra; mientras que habrá proporciones inversas en el éter (hecho de puro fuego), lugar más extrínseco del universo[2]. Así, la condensación de la tierra, a pesar de ser lo más parecido a la muerte, tiene una función en el universo estoico (recordémoslo, según ellos el más perfecto y racional[3]), y es hacer de contrapeso a la fuerza indomeñable del fuego que amenaza con su velocidad y ligereza a destruirlo todo en un proceso de diferenciación absoluta (la conflagración universal)[4].

 La tesis según la cual la tierra (lo seco) es el signo de la muerte (por su torpeza, quietud, pasividad, poca plasticidad, rigidez, pesadez y escasa adaptabilidad) es tan vieja como la filosofía. Tales de Mileto (quizás el primer filósofo, y vitalista como los estoicos) pensaba que el agua (lo húmedo) era el principio de todas las cosas; y, sobre todo, era un principio vital, semilla de todos los vivientes. La prueba empírica estaba en que los cuerpos que devienen cadáver son más secos que cuando estaban vivos; o, a la inversa, que una semilla para germinar necesita que se la humedezca. Otra razón empírica es el hecho de que el esperma es húmedo. A la vez, la tesis estaba reforzada por el hecho de que este filósofo entendía a la vida como movimiento continuo, un flujo infinito de rumorosa vida. Que la vida es esencialmente movimiento para los estoicos está, creo, muy bien expresado en éste poético fragmento.

 

Si el agua no fuera agitada por los vientos, al permanecer quieta, ¿no perecería en su reposo? Se transforma, por tanto, y se torna pestilente, como animal privado de alma. Las corrupciones del aire son, en verdad, para todos manifiestas, ya que por su propia naturaleza se enferma, se arruina y, de alguna manera, perece. Porque si uno no atendiera a la propiedad de las palabras, sino a la verdad, ¿diría acaso que la peste es otra cosa más que la muerte del aire, que derrama su dolencia privada para corromper todo cuanto tiene parte en el alma? ¿Qué necesidad hay de ser prolijos sobre el fuego? Cuando no se le alimenta, en efecto, vacilante por sí mismo al punto se extingue, según dicen los poetas. Por eso, al ser alimentado, se eleva en proporción al pasto de la materia encendida, pero, cuando ésta se acaba, se extingue [C.III.8.1 = Filón de Alejandría, Sobre la eternidad del mundo 23-24, 264, 3 = SVF I, 106].

 

Así las cosas, aunque el estoicismo coincide con el vitalismo, el materialismo y el monismo de Tales, no comparte su concepto de agua, pues consideran a ésta (en tanto elemento pasivo) como en sí misma calma y tranquila[5]. Con Tales atribuyen al agua ser alimento, principio (aunque pasivo para los estoicos) de crecimiento y fertilidad. Sin embargo, el agua sigue siendo pasiva para los estoicos, y anteponen heraclíteamente al fuego[6]. Tal vez existan varias razones de índole física en esta preferencia, pero con respecto a la cuestión del vitalismo que aquí intento dibujar, el fuego parece ser el elemento perfecto para una visión más bien guerrera, viril y vigorosa de la vida.

De todas maneras, no abandona la filosofía estoica las virtudes del agua, sino que las incorpora, pues parece mandato en la física de la escuela rezar que en todo hay mezcla. El esperma, la parte más rápida, y por tanto más fértil del alma, es pneuma mezclado con agua (aliento ígneo húmedo). Es más, el esperma es como el cosmos, pero en miniatura; no porque esté hecho por el mismo material (ya que todo está hecho del mismo material, no es esto algo específico del esperma), sino por guardar las mismas proporciones en los elementos.

El continuismo estoico los obliga a tener una física, no de partes (extra partes), de átomos, sino de proporciones. Es más un relacionismo que un sustancialismo. Como dijimos, Dios se derrama entre todas las cosas porque es todas las cosas. Esta tesis panteísta es la que aborrecerán los teísmos futuros, al afirmar que en lo más lascivo también está presente Dios[7], por lo que niegan toda trascendencia o pureza (sin mezcla) de la divinidad.

 

3.b. Teoría de la mezcla.

Los fragmentos fuente principales que uso para pensar en esta teoría son el extenso C.III.7.4 = Alejandro de Afrodisia, De mixtione 216, 14-218, 6 = SVF II, 473, y el más acotado C.III.7.5 = Estobeo, I, 17, 4 = SVF II, 471[8]. Ambos fragmentos coinciden en prologar esta teoría con una anterior, según la cual, para el estoicismo, toda la materia es UNA; por lo que todas las cosas del universo en el fondo son lo mismo (Dios). Es decir, la teoría de la mezcla se hace necesaria luego de postular el continuismo de la naturaleza; o si se quiere, el panteísmo. Esto se debe a que, como contraparte de la identidad del todo, se encuentra el devenir diferenciado de cada cosa; es decir, la afirmación de que el mundo está en perpetuo devenir. Como dijimos, lo que constituye las cosas no son sus partes, sino las proporciones entre sus elementos, y en casi todos los casos participan todos los elementos. Por lo tanto, el concepto de ‘cambio’ en la física continuista estoica significa ‘mezcla’.

 

 

El primer tipo de mezcla es por yuxtaposición o ajuste, donde cada uno de los objetos a mezclar mantiene su propia esencia y cualidad respecto a su perfil. Es el tipo de mezcla que se da paradigmáticamente entre sólidos (entre cosas con una alta proporción de tierra). La segunda es por fusión total, cuando las sustancias se destruyen mutuamente haciendo nacer un nuevo componente[9]. Alejandro de Afrodisia da el caso de los remedios, pero podría pensarse también en el de la madera y el fuego que se reducen a cenizas. Por último, está la mixtión, cuando las sustancias se tornan coextensivas manteniendo sus cualidades propias. Por ejemplo, el vino disolviéndose en agua[10]. Este tercer tipo de mezcla parece ser el preferido entre los estoicos, siendo el que mejor da cuenta del continuum que sería el fuego eterno y sus variaciones. El tipo de mezcla que más se opone es el de yuxtaposición, que parece más cercano al modelo atomista o de sólidos. Y siendo la tierra entre los elementes el más sólido, tal vez por eso sea el menos tratado por los estoicos, que prefieren un universo cuyas partes se interpenetren unas a otras cual agua, gas o fuego.

Así, extraña la física estoica al oponerse frontalmente a nuestra mentalidad mecanicista que entiende las transformaciones físicas como choque o reacción entre elementos separados; mientras los de la Stoa explican todo por medio de la superposición de cualidades (típicamente, de un principio activo y otro pasivo). Así, cuando calentamos un pedazo de hierro hasta dejarlo al rojo vivo, en nada el fuego modificó a la tierra que mantiene sus propiedades esenciales (peso, dureza, condensación, sequedad), sino que, a la acción centrípeta del aire -que debe permanecer (de lo contrario, el hierro perdería su solidez)-, se le suma la acción centrífuga del fuego (lo que lo hace más caliente).

Ciertamente hay desplazamientos (por ejemplo, si se derrite el hierro, esto implicaría una disminución del aire), pero esto no debe entenderse como una simple pérdida de alguna parte del hierro, sino como un cambio en la proporción de sus elementos. Además, a todo esto se le agrega un ejemplo ético que nos suma Alejandro de Afrodisia:

 

Y nosotros también, aquello que no somos capaces de realizar por nosotros mismos lo emprendemos junto con otros, por ejemplo, enlazándonos unos con otros vadeamos ríos que no podríamos vadear nosotros solos, y transportamos con ayuda de otros pesos que no podríamos llevar en la parte que nos toca si nos quedáramos solos, y las vides, que no pueden mantenerse derechas por sí mismas, se levantan enredándose entre sí

 

 



[1]              “No todo cuerpo absolutamente tiene peso, sino que aire y fuego están privados de él. La tierra entera tiene peso por sí mismo”. [Estobeo, Églogas I 19, 4, 166, 4 W, SVF I, 99]

[2]              Esta tendencia expansiva del fuego es la que hace de este principio vital a la vez un principio entrópico, al punto de que su fuerza centrífuga lleva a la desarticulación de todas las cosas, llegando por fin a la conflagración universal, que ocurre cuando su poder de diferenciación se hace pleno. Sería un Apocalipsis por exceso y no por falta de vida. Es por esto por lo que hay que entender al aire también como una fuerza vital, en tanto contrarresta este poder destructivo o entrópico del fuego. Pero lo mismo podemos decir a la inversa: el aire también es una fuerza entrópica que produce el Hades, y es el fuego el que evita esta muerte por condensación del todo en un único punto. La vida será para los estoicos esta tensión.

[3]              “Dice Zenón: ‘[Si] lo racional es mejor que lo no-racional, nada, sin embargo, es mejor que el universo. Por consiguiente, el universo es racional. […] Lo inteligente, en efecto, es mejor que lo no inteligente y [lo] animado que lo no animado. Pero nada hay  mejor que el universo. Por consiguiente, el universo es inteligente y animado” [Sexto Empírico, Contra los matemáticos IX 104, SVF I, 111]

[4]              Esto me hace recordar a aquella ley de la ecología según la cual, a la larga, una relación de parasitismo deviene en mutualismo, pues el huésped devendría responsable del control de la reproducción de la especie parasitada; lo cual, si perdurara en el tiempo, significaría que favorece a su supervivencia. Por ejemplo, podría darse que un exceso de la especie parasitada modifique la biodiversidad de su hábitat (produciendo una escasez de todas aquellas especies de la que se alimenta), volviendo al entorno muy hostil o estéril.

[5]              Séneca: “el mar de por sí [sin la actividad del aire] tranquilo y en calma”.

[6]              Nietzsche explica esta decisión heraclítea como sigue: “Ante todo, para explicar la introducción del fuego como fuerza plasmadora universal, recordaré aquí cómo había prolongado Anaximandro la teoría del agua como origen de todas las cosas. De acuerdo en lo esencial con Tales, y confirmando y acrecentando sus observaciones, Anaximandro no estaba convencido de que detrás del agua no hubiese cualidades nuevas, de que el agua fuese algo irreductible; sino que la humedad misma le parecía que estaba formada de frío y calor, y que, por ello, serían las cualidades originarlas del agua. Por su separación del seno primordial de “lo indeterminado”, empezaba el devenir. Heráclito, que como físico es inferior a Anaximandro, interpretaba este calor de Anaximandro como el aliento, la respiración cálida, la respiración ardiente, el vapor seco, en una palabra, como el fuego; de este fuego decía lo mismo que Tales y Anaximandro habían dicho del agua: que recorría en infinitas transformaciones la vía del devenir, sobre todo en sus tres estados principales de calor, humedad y solidez”. [Nietzsche F., La filosofía en la época trágica de los griegos, Valdemar,  Madrid, 2003, pp 64-65]. 

[7]              Esto recuerda a la famosa frase que Heráclito dijo a, para incitar a que lo acompañen, ciertos extranjeros que lo encontraron en una situación demasiado profana para un sabio (cocinando cerca de un horno): “Acérquense que también aquí hay dioses”.

[8]              Crisipo sostenía constantemente una tesis de este género. Lo que existe es hálito que se mueve a sí mismo hacia sí mismo y a partir de sí mismo, o bien hálito que se mueve a sí mismo adelante y atrás. Se considera hálito porque se dice que es aire en movimiento, y sucede de manera análoga a propósito del éter, de modo que el discurso viene a parar en la misma definición. Un movimiento de este tipo sólo ocurre según aquellos que piensan que la sustancia toda admite cambio y, además, fusión, composición, conmistión, unión y otros fenómenos parecidos. Los de la escuela estoica son del parecer de que son diferentes yuxtaposición, mezcla, mixtión y fusión. Yuxtaposición es contacto de cuerpos en sus superficies, como vemos en los montones en los que se junta trigo, cebada, lentejas y otros cuerpos semejantes, o los guijarros y las arenas de la playa. Mezcla es la coextensión correspondiente total de dos o más cuerpos que mantienen sus cualidades propias, como ocurre con el fuego y el hierro al rojo, pues en estos cuerpos se da la coextensión correspondiente total. Del mismo modo ocurre con las almas que hay en nosotros: se coextienden con la totalidad de nuestros cuerpos en forma correspondiente. Son, en efecto, de la opinión de que un cuerpo puede extenderse a través de un cuerpo de manera correspondiente. La mixtión es la coextensión recíproca total de dos o más cuerpos líquidos, cuando permanecen las cualidades que hay en ellos. De hecho la mezcla puede darse también en los sólidos, como por ejemplo la del fuego y el hierro, o la del alma y el cuerpo que la envuelve, pero la mixtión se da sólo en el caso de los líquidos. En efecto, la mixtión surte también la apariencia de la cualidad de cada uno de los líquidos, por ejemplo, vino, miel, agua, vinagre y semejantes. Que en estas mixtiones permanecen las cualidades de los cuerpos que entran en ellas es evidente por el hecho de que muchas veces a partir de una manipulación se separan de nuevo unos de otros. Por ejemplo, si alguien sumerge en una mixtión de vino con agua una esponja empapada de aceite, separará el agua del vino, porque el agua se absorberá en la esponja. La fusión es la transformación en los cuerpos de dos o más cualidades en otras cuando nace de una cualidad diferente de éstas, como ocurre en la composición de los perfumes y los remedios medicinales.”

[9]              Éste concepto de fusión parece coincidir con el que en la modernidad se llamará reacción química.

[10]            A diferencia de Alejandro de Afrodisia, Estobeo distingue entre la mezcla propiamente dicha y la mixtión, en que el segundo sólo puede darse entre dos líquidos. Un ejemplo del primero es el hierro y el fuego.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El progreso cognitivo: Pragmaticismo, Epistemología evolucionista y los métodos de fijación de las creencias en Charles S. Peirce

Por sus frutos los conoceréis: claridad, progreso y verdad en Charles S. Peirce. PARTE III

Por sus frutos los conoceréis: claridad, progreso y verdad en Charles S. Peirce. PARTE I