Introducción a la filosofía de la ciencia II
Lo más seguro es que sea imposible que un científico pueda
interrogar a la naturaleza desde un punto de vista totalmente desinteresado.
Aun cuando no tenga una finalidad personal en su horizonte de sentido, es
probable que posea un modo distintivo de considerar la naturaleza.
Y entre muchos científicos podemos encontrar a los que
pertenezcan (muchos, sin que lo sepan… te estoy viendo Stephen Hawking) a la
orientación pitagórica.
Un pitagórico es quien cree que lo «real» es la armonía
matemática que está presente en la naturaleza.
Tanto Ptolomeo como Copérnico defendían la heurística
pitagórica-platónica según la cual: “todos los fenómenos astronómicos deben
reproducirse mediante una combinación de número mínimo de movimientos
circulares y uniformes” [Lakatos].
Para los pitagóricos, lo real es la armonía matemática que
está presente en la naturaleza y la ciencia se dedica a la comprensión de la
estructura matemática fundamental del universo.
En consonancia con ello, Galileo llegó a escribir que:
“la filosofía está escrita en este gran libro -me refiero al
universo- que permanece continuamente abierto a nuestra contemplación, pero que
no puede ser comprendido a menos que se aprenda primero a comprender d lenguaje
y a interpretar los caracteres en los que está escrito. Está escrito en el
lenguaje de la matemática, y sus caracteres son triángulos, círculos y otras
figuras geométricas, sin los cuales es humanamente imposible comprender una
sola palabra de él. (Galileo, The
Assayer, trad. por S. Drake, en The Controversy on the Comets of 1618,
trad. por S. Drake y C. D. O'Malley (Filadelfia, University of Pennsylvania
Press. 1960), 183-84.)
Pitágoras fue el iniciador de una escuela filosófica que, a
diferencia de los filósofos milesios, abandonó los intentos por dar
explicaciones de los fenómenos naturales en términos de principios
especulativos acerca de la composición material de las cosas. Los pitagóricos,
por el contrario, trataron de abstraer una realidad numérica subyacente en lo
que consideraban era la realidad aparente que experimentamos. Fueron ellos los
primeros que intentaron establecer una fundamentación matemática como condición
de conocimiento. La importancia de los pitagóricos tiene que ver tanto con el
desarrollo de los rudimentos del método deductivo y su aplicación en pruebas
matemáticas, como con el diseño y la probable construcción de experimentos
controlados en acústica.
El pitagorismo se originó en el siglo VI a. c., cuando
Pitágoras (o al menos así le atribuyeron sus seguidores) iba caminando muy contento
entre el mercado, y escuchando a los herreros descubrió las armonías musicales
entre los yunques golpeados; armonía que podría ser correlacionadas con razones
matemáticas en el tamaño de los mismo, a saber:
Octava= 2 :1
Quinta= 3 : 2
Cuarta= 4 : 3
Los primeros pitagóricos encontraron, además, que estas
razones se mantienen con independencia de que las notas se produzcan por
cuerdas que vibren o por columnas de aire que resuenen. Los filósofos
pitagóricos de la naturaleza extrapolaron esta observación hasta ver armonías musicales en el universo en su
conjunto. Incluso postularon que la filosofía tenía por objeto intentar
escuchar la armonía entre los astros.
En general, para entender una postura filosófica se necesita entender la postura rival. Y en el caso del pitagorismo, los oponentes (por ejemplo, aristotélicos) intentan destacar que las hipótesis matemáticas deben distinguirse de las teorías sobre la estructura del universo. Según esta concepción rival (aristotélica), una cosa es salvar las apariencias sobreponiendo relaciones matemáticas a los fenómenos, y otra cosa muy distinta es explicar por qué los fenómenos son como son.
Esta distinción entre teorías físicamente verdaderas e
hipótesis que salvan las apariencias fue establecida por Gémino en el siglo I
a.C. Según Gémino, hay que distinguir
(por un lado) el enfoque del físico, que deriva los movimientos de los cuerpos
celestes de sus naturalezas esenciales; y (por otro lado) el enfoque del
astrónomo, que deriva los movimientos de figuras y movimientos matemáticos:
“no forma parte de la ocupación del astrónomo conocer qué es adecuado por naturaleza a una posición de reposo, y qué tipo de cuerpos son aptos para moverse, sino que introduce hipótesis según las cuales algunos cuerpos permanecen fijos, mientras que otros se mueven, y considera después a qué hipótesis corresponden los fenómenos realmente observados en el cielo.” (Gémino es citado por Simplicio, Commentary on Aristotle's Physics, en T. L. Heath, Aristarchus of Samos)
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