Introducción a la filosofía de la ciencia IV

 Anaximandro

Ya varios helenistas como Nietzsche[1] señalaron que Anaximandro no sólo se animó a escribir (oh, qué osadía); y escribir en prosa (qué perversidad); sino que incluso escribió en primera persona (¿alguien puede pensar en los niños?).

Como dijimos anteriormente, Tales (el primer filósofo) no escribió nada que sepamos. Y Nietzsche lo explica apelando a que en la cultura griega no estaba del todo bien visto escribir. Tal vez veamos cómo filósofos como Sócrates denostaron la escritura (al punto de no escribir), y la prole de Sócrates (que es la esencia de la filosofía occidental) también atacaron la escritura.

El argumento más importante, presentado por ejemplo por Platón en la Carta VII o en le Fedro, es que a un texto escrito no le podés hacerle preguntas. Mientras que a un texto hablado podés criticar apelando al que expresó el texto hablado.

Por un lado, Platón tiene un punto de razón en que la dialéctica entre puntos de vista en disputa o la deliberación sobre qué consideramos como verdadero, a grueso fino, se da mejor en la palabra hablada. Platón consideraba que la palabra escrita podía ser funcional a un tirano (y lo descubrió al relacionarse con tiranos que usaban los diálogos de Platón para defender su tiranía; a pesar de que Platón postuló que el peor infierno les cabe a los tiranos).

También vale notar que Anaximandro escribió en primera persona. O sea, escribió de tal manera que determinó como principal responsable de sus palabras a él mismo. Podemos contraponerlo con Parménides que apeló a la diosa Aletheia, Sócrates a un Daimon y Platón sistemáticamente apela a una inspiración divina.

Anaximandro es un héroe de la filosofía porque tomó como único responsable de su discurso a él mismo. Y también, es un héroe de la filosofía por aprender de Tales, no una tesis específica, sino el arte de criticar el pasado. Tales criticó a los mitos, y Anaximandro criticó a Tales.

 




El ejemplo que ya di era sobre el “Arkhe” (el principio sustancial del cosmos). Pero vayamos al punto primario.

Tales fue genial en sostener que los terremotos no deben ser considerados como síntomas de ira divina; “sino que, así como un navío se bambolea sobre el mar, y dado que la Tierra simplemente era un navío a una escala mucho mayor, los movimientos sísmicos son análogamente producidos por el océano de debajo”.

Anaximandro no discutía el principio naturalista, ni vitalista, ni materialista de Tales. 

Discutía que todo el planteo de Tales supone que hay un agua de fondo o un agua por arriba. En otros términos, supongamos que la Tierra es un disco que flota sobre el mar. Eso puede ser una explicación plausible, pero me debés la explicación de sobre dónde se apoya la mar. Es como que Tales se limitó a explicar por qué podemos vivir sobre la Tierra. Anaximandro fue más lejos y señaló que es una farsa apelar aguas subterráneas. Anaximandro señaló el error del alegato especial.

Con el diario del lunes podemos saber que decir que el origen de la tierra es el agua es simplemente retrasar el problema. Claro que con Tales podemos hablar sobre cómo el agua origina tierra (dada la cultura griega). Pero si tu pregunta es sobre el origen, con decirme que el agua genera tierra simplemente retrasás la cuestión, pues nos queda por explicar de dónde cuernos viene el agua.

Lo primero que podemos notar de la genialidad de Anaximandro es que vio estúpido eso de la Tierra sostenida por elefantes sostenidos por tortugas. Si necesitás un tren de sostenes, significa que tu explicación falló. La explicación de Anaximandro es que la estructura de la Tierra responde a relaciones especialmente equidistante, y que toda caída es una tendencia a ese centro.

Lo cual es una genialidad enorme... en parte muy equivocada...

pero genial al fin....

 

Aquí el doctor Gustavo Romero me señaló que otras de las genialidades de Anaximandro fue la de ser el primero en presentar el Principio de razón suficiente. Lo cito:

Anaximandro afirmaba que, dado que el espacio es isótropo, no hay razón para que la Tierra se mueva en ninguna dirección. Por lo tanto, no se mueve. En otras palabras, una simetría no debería romperse si no hay una razón suficiente para romperla. [1]

 

Del mismo modo que le discutió a Tales que nos debe una explicación de qué hay bajo el agua; también consideró que debemos plantear qué hay antes o es ontológicamente más básico que el agua. Y esto lo resuelve en dos pasos.

El primer paso nos resulta, a nosotros contemporáneos, un empirismo crudo; pues considera que por debajo de los elementos la primera distinción es de cualidades perceptible: el calor, el frío, lo seco y lo húmedo.  Los elementos serían una síntesis entre estas dos oposiciones de cualidades: el agua sería húmeda y fría; y si la calentamos obtenemos aire (que es húmedo y cálido); y por el otro lado tenemos la tierra que es seca y fría, y si la calentamos obtenemos fuego (que es seco y cálido). La tierra, a su vez, se puede obtener enfriando el agua. Así que si bien en Anaximandro podemos encontrar una primera teoría de los cuatro elementos (que desarrollará con más fuerza Empédocles), sigue a su maestro en que el agua es anterior a los otros tres. Y por tanto le da una mayor preponderancia a la dualidad calor/frío que a la de húmedo/seco.

Lo cual es muy sensato dado que lo que pretende la filosofía jónica es apelar a lo que es cognoscitivamente accesible para todo individuo. Y pocas cosas son más individualmente accesible que lo perceptible para cada individuo. Frente a tipos que apelan a realidades inhallables como dioses,  intenciones y duendes, la ingenuidad perceptiva de los filósofos jónicos está harto justificada. Mejor el empirismo ingenuo que los delirios de la imaginación.


No obstante, a ese empirismo crudo le siguió un salto de abstracción; y es que consideró que, por debajo de las 4 cualidades perceptibles, debía haber una sustancia primordial que no tiene ninguna de esas propiedades; y que adquiere esas cualidades al transformarse en los distintos elementos sensibles cognoscibles de manera (relativamente) directa. A esta sustancia primordial, a este άρχή o Arkhé, le llamó το άπειρον o Ápeiron (lo indeterminado, lo sin limitación). 

Piénsese que el agua realmente se asemeja muy poco al fuego; o quizás es más preciso afirmar que no se asemejan en nada. Por lo que aquello que puede devenir agua o devenir fuego no debe parecerse en nada al agua y al fuego, dado que esos dos elementos parecen no compartir ninguna cualidad. Por tanto, las cualidades del Arkhé no pueden ser ninguna de las perceptibles. Aquí el concepto de “indeterminado” connota que el Ápeiron no tiene ninguna de las determinaciones perceptibles. Parece trascender la perceptibilidad.

Esto ya plantea una cuestión que va a traer cola en la historia de la epistemología y de la filosofía de la ciencia: ¿hasta qué punto estamos racionalmente habilitados a creer en algo por definición inobservable? 

Cuando justamente los filósofos jónicos intentaron alejarse de las “explicaciones” anti-naturalistas de los mitos. Algunos filósofos posteriores, empezando por Anaxímenes, aunque podría agregarse también a Heráclito, consideraron que ese salto de abstracción estaba injustificado y volvieron a postular que el Arkhé debe ser un elemento perceptualmente cognoscible (el aire para Anaxímenes, el fuego para Heráclito). No obstante, los herederos itálicos de la filosofía jónica, más dados al racionalismo que al empirismo, verán con buenos ojos esta abstracción; al punto de darle más peso o realidad a lo inferible que a lo perceptible (como Pitágoras, Parménides o Zenón de Elea).

Esta disputa sobre si lo inferible tiene más realidad que lo perceptible, como veremos en otras entradas, puede verse recuperado hoy en día en el debate entre los realistas científicos que consideran que los términos teóricos como “campo electromagnético” o “energía potencial” designan entidades reales (a pesar de no ser una realidad sensible); mientras los antirrealistas consideran que los términos teóricos designan meras ficciones útiles para el cálculo (más precisamente: los campos electromagnéticos o la energía potencial no existen realmente, pero hablar de ellos nos permite ganar poder predictivo, explicativo y de control sobre la naturaleza). Claro que este saltearse dos milenios y medio de filosofía es anacrónico, puesto que el Ápeiron está lejos de ser un postulado que nos dé poder predictivo y control sobre la naturaleza (los realistas científicos no ven con buenos ojos postular un “Ápeiron”, una realidad indeterminada). La disputa entre realistas y antirrealistas científicos surgirá recién a fines del siglo XIX, en particular, tendrá su primer round en determinar si debemos o no creer en la existencia de los átomos[2].

 

Pero fuera de esta cuestión metafísica, nos interesa un poco más los aportes de Anaximandro a la ciencia. Y la originalidad de nuestro filósofo no estuvo sólo en criticar a su maestro Tales, sino también en sacar algunas consecuencias de su postulado. Y es que, con Tales comparte que la tierra surgió del agua. Esto nos lleva a la pregunta sobre el origen de los seres vivos terrestres. En ese contexto, Anaximandro consideró que los animales existían antes que el surgimiento de la tierra. Por lo que parece consistente postular que los animales terrestres descienden de los animales acuáticos.

Anaximandro se vuelve por tanto un precursor de la teoría de la evolución. Para el milesio, los humanos descendemos de los peces. Y a esto le suma un segundo argumento que creo muy interesante: es muy llamativo en biología que los seres humanos nacemos siendo terriblemente vulnerables. Una cría humana es incapaz de sobrevivir sino tras años donde depende totalmente de sus padres.

(En el siglo XX a este fenómeno se le llamó “neotenia”. Un potro al nacer en menos de una hora ya sabe correr, mientras que una cría humana puede no caminar hasta los dos o tres años. Pero incluso comparado con nuestros parientes simios, vemos que el estadio de “bebé” dura mucho más, como el de niñez o el de juventud. La evidencia apunta a que el proceso de hominización que derivó en los Homo sapiens fue una proceso de neotenización; donde cada vez llegamos a adulto más tarde; y cabe suponer que la neotenia es un rasgo adaptativo de la especie. ¿Por qué?)

Dada esa evidencia, Anaxiamandro consideró que la neotenia no puede ser una característica de todos nuestros ancestros. Por tanto, los humanos descendemos de animales que al nacer eran mucho menos vulnerables que nosotros. Parece ser que la tesis transformista (o evolucionista) es la única disponible para explicar ese fenómeno. (O podemos apelar a que Dios creó a un Adán y a una Eva; pero eso sería ir en contra del naturalismo metodológico que le inculcó su maestro Tales).

 

Claro que el de Jonia, en sentido estricto, no tenía ninguna TEORÍA de la evolución. Para tener una teoría de la evolución tenés que postular una colección de mecanismos que expliquen las transformaciones de las poblaciones de seres vivos. Y eso no lo vamos a obtener hasta al menos Lamarck (que postuló una teoría de la evolución en sentido estricto, pero que consideramos falsa); o Charles Darwin y Alfred Wallace en el siglo XIX (que le pegaron con la selección natural).

Pero no deja de ser curioso que Anaximandro (y luego Empédocles y Anaxágoras) ya anticipen la idea de la evolución de las poblaciones (en otras culturas vemos algo parecido, pero no en la cultura que cree en Adán y Eva); pero esa idea se mantuvo estéril durante milenios. ¿Qué bloqueó ese proyecto de investigación científica?

Una respuesta plausible es que en nuestra cultura se impuso el esencialismo, es decir, la opinión de que la realidad de un ser vivo está determinada más por su género y especie, y no tanto por su génesis. Ernst Mayr (uno de los padres de la síntesis evolutiva moderna) señala cómo el newtonismo terminó siendo funcional al esencialismo que impidió el surgimiento de la teoría de Darwin antes de él. El paradigma de esencia al que apelaron desde Aristóteles los esencialistas es que las especies son esencialmente diferentes entre sí (los gatos se parecen muy poco a los perros). Tesis reforzada por la religión judeocristiana que considera al ser humano como con una diferencia de naturaleza (y no meramente con una diferencia de grado) respecto a los animales. (“Los humanos no somos animales” se suele decir, contra toda la evidencia en contra).

Pero desde Darwin sabemos que las especies no pueden ser sino conjuntos borrosos, que el paso de una especie a otra se da por pasos insensibles; por lo que el esencialismo es contrario a la biología.

 

Pero volviendo a Anaximandro, si la sustancia primordial resulta difícil de conocer, ¿cuál es entonces el objeto primario del conocimiento científico?

Y aquí aparece el primer fragmento conocido de la filosofía occidental. Nietzsche lo cita así:


a partir de donde los seres tienen su nacimiento, hacia ahí también les ocurre su destrucción, según la necesidad; pues pagan las culpas las unas a las otras y la reparación de la injusticia, según el orden del tiempo [en Simplicio, In Aristotelis Física 6a].


Como vemos, hay cierto antropomorfismo encerrado en el fragmento, al apelar a “culpas” o “injusticias” en la Naturaleza.  Pero lo importante aquí es la apelación a una “necesidad” y a una proporción entre dos variables (una paga que se retribuye entre unos y otros). Por tanto, lo que vemos aquí es una primera aproximación al concepto de “ley de naturaleza” o “ley científica”.

Para el que no lo sepa, una ley científica describe regularidades o patrones, más específicamente, una relación constante entre variables; en el mejor de los casos expresable mediante una ecuación.

 

(No sobra hacer un paréntesis sobre la distinción contemporánea entre una teoría y una ley científicas:

Una teoría, si bien nace como una conjetura, se entiende mejor como un sistema de postulados de mecanismos, leyes, principios y conceptos que se articulan en un marco explicativo, cuya función es explicar una amplia gama de fenómenos. Su valor se mide por su potencia explicativa y por lo bien respaldado que está por la evidencia. Su estatus epistémico es superior al de la ley, no sólo porque incluye leyes, sino porque la ley se limita a describir regularidades, mientras las teorías explican por qué ocurren esas regularidades. Por ejemplo, la Ley de Gay-Lussac describe que (en un recipiente que mantiene el volumen constante) la temperatura de un gas es directamente proporcional a la presión. ¿Por qué ocurre eso? Esto no lo explica la LEY de Gay-Lussac, sino la TEORÍA cinético-molecular de los gases, la cual postula que los gases están compuestos por partículas (más precisamente, moléculas) en constante movimiento, siendo la temperatura de un gas la energía cinética promedio de esas moléculas. A medida que se incrementa la temperatura, las moléculas del gas ganan energía cinética y se mueven más rápidamente, chocando entonces con las paredes del recipiente con mayor frecuencia y ejercen una mayor presión sobre ellas. 

Ahora bien, a una teoría, además de poder explicativo, se le pide poder predictivo; y esto lo logra mediante leyes. Las leyes DESCRIBEN patrones o regularidades estableciendo relaciones constantes entre variables. Por eso se suele describir mediante una ecuación. Gracias a que fija relaciones entre variables, una ley predice que al variar una variable se debe variar otra según cierta función (en el mejor de los casos, expresable matemáticamente). 

Por tanto, una teoría nunca se transforma en ley por ninguna cantidad de confirmación, sino que entre sus partes incluye leyes (las cuáles le dan poder predictivo, por ejemplo, la teoría de la evolución a partir de la síntesis evolutiva moderna incluye las leyes de Mendel, la ley de Fisher, la ley Hardy-Weinberg o el teorema fundamental de la selección natural o la ecuación de Price), y además es superior a ellas porque las explica (las teorías dan cuenta de por qué las variables tienen precisamente esa relación constante). De hecho, mediante una teoría se puede llegar a falsar una ley, como, por ejemplo, mediante la teoría de la relatividad general se falsó la ley de gravitación de Newton.)

 

Lo interesante aquí es que Anaximandro consideró que la realidad tiende a un centro de simetría.

 

Fuera de ello, Anaximandro también se destaca por haber elaborado el mapa en T de la imagen de la entrada.  Fue el primer geógrafo occidental. En el mapa en T, el Nilo corre por el centro, a la izquierda tenés el Mediterráneo, y a la derecha el mar y el río Phasis. De esta manera te queda repartida al norte Europa, al este Egipto y al oeste Mesopotamia. La verdad que Anaximandro fue un artista en el tema, y su trabajo estaba muy cercano a lo artesano, a lo manual.

 

Eso va a diferenciar a los jónicos respecto a los itálicos.

Y eso lo desarrollaremos en otras entradas.  



[1]              Romero, G., (2014); “Sufficient Reason and Reason Enough”; Foundations of Science, 21(4), 455-460.

https://www.researchgate.net/publication/266971902_Sufficient_Reason_and_Reason_Enough

 

 

[2]              En un pie de página de Reflexiones sobre la verdad II esbozo la postura antirrealsita de van Fraassen al respecto.

 



[1]              Nietzsche, Friedrich (2003). Los filósofos preplatónicos Friedrich Nietzsche. Trota. pp. 46-47.

 

“Harduino dice: έθάρρησε πρώτος —Ελλήνων λόγον έξενεγκεΐν περί φύσεως συγγεγραμμένον. Πρίν δε εις όνειδος καθειστήκει τό λόγους συγγράφειν και ουκ ένομίζετο τοις πρόσθεν "Ελλησι [fue el primero de los griegos que conocemos que se atrevió a publicar un discurso escrito sobre la naturaleza. Pero antes consideraba una injuria el escribir discursos y no tenía en consideración a los griegos anteriores]… Anaximandro encontró una forma propia de hablar y lo hizo en nombre propio.”


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